Un sector que ha crecido con la experiencia
La fortaleza histórica de la seguridad privada ha sido su gente. Profesionales con oficio, criterio y capacidad para actuar cuando es necesario.
Sin embargo, el paso del tiempo es evidente: la edad media del sector se sitúa ya entre los 53 y 55 años
Este dato, más que una alarma, es un aviso. Un aviso de que muchas trayectorias laborales están llegando a su fin al mismo tiempo, mientras la incorporación de nuevos perfiles no avanza al mismo ritmo.
La jubilación anticipada como punto de inflexión
La posible aprobación de la jubilación anticipada en la seguridad privada puede acelerar un proceso que ya está en marcha
En pocos años, podrían retirarse de forma simultánea profesionales con una experiencia difícil de reemplazar: gestión de conflictos, vigilancia técnica, coordinación de servicios o control desde CRA (Central Receptora de Alarmas) y SOC (Centro de Operaciones de Seguridad).
El riesgo no es solo operativo. Es también la pérdida de conocimiento acumulado, algo que no se sustituye únicamente con nuevas incorporaciones, y que impacta en el servicio que se presta a los clientes y por ende en la seguridad y tranquilidad de las personas.
Un relevo que no puede improvisarse
La pregunta es inevitable: ¿habrá suficiente personal preparado para asumir este relevo?
Hoy, la respuesta es no, al menos con los niveles actuales de formación, incorporación juvenil y posicionamiento del sector
Sin embargo, el propio sector dispone de palancas claras para cambiar esta realidad:
- Más formación homologada, flexible y especializada.
- Mayor foco en áreas con alto valor añadido: eventos, logística, vigilancia tecnológica, protección del patrimonio o centros de control.
- Un relato distinto, que muestre la seguridad privada como un empleo estable, necesario y con recorrido profesional.
De la presencia física a la gestión de la seguridad
La seguridad privada está viviendo una transformación profunda.
El modelo puramente presencial da paso a una seguridad híbrida, donde la tecnología acompaña a la persona y amplifica su capacidad
Cámaras inteligentes, analítica de vídeo, drones o centros de control avanzados forman ya parte del día a día. Pero la tecnología no sustituye el criterio, la toma de decisiones ni la gestión de situaciones reales.
La persona sigue siendo el eje.
Nuevos perfiles para una nueva etapa
Este cambio abre la puerta a nuevos roles profesionales que no existían hace apenas una década: operadores SOC, analistas de vídeo, técnicos en sistemas de seguridad o perfiles híbridos físico-digitales.
Son oportunidades reales para atraer talento joven y reposicionar el sector como un entorno moderno, especializado y con futuro.
Un reto que va más allá de las cifras
El desafío de las jubilaciones en la seguridad privada no se mide solo en número de vacantes. Se mide en continuidad, calidad del servicio y capacidad de adaptación.
Afrontarlo exige planificación, inversión en formación y una mirada más amplia sobre el valor de quienes protegen espacios, personas y actividad económica cada día.
Porque el futuro de la seguridad privada no depende solo de la tecnología.
Depende, sobre todo, de cómo se cuide el relevo de quienes la han sostenido durante años.
Un estudio para entender lo que viene
Conscientes de la magnitud de este reto, hemos realizado un estudio específico sobre las jubilaciones y la transformación de la seguridad privada, analizando datos, tendencias y escenarios reales que ya están impactando en el sector.
Un análisis pensado para anticiparse, entender qué está en juego y ayudar a empresas y profesionales a tomar mejores decisiones en un momento clave para el futuro de la seguridad.