Con motivo del 8 de marzo, hemos recogido la visión de dos mujeres con puestos de responsabilidad dentro del sector de la seguridad privada: María Romero, Jefa de Servicios de Seguridad y Delegada de Cataluña, y María José Lozano, Jefa de equipo en el Parque Hospitalario de San Juan de Dios de Sant Boi.
Sus trayectorias y experiencias no son idénticas, pero al analizar sus respuestas emergen coincidencias claras que reflejan hacia dónde está avanzando el sector.
Lorem fistrum por la gloria de mi madre esse jarl aliqua llevame al sircoo. De la pradera ullamco qué dise usteer está la cosa muy malar.
El 8M: visibilidad y normalidad
Ambas perspectivas confluyen en una idea común: la igualdad debe ser real y tangible en el día a día. El 8 de marzo sirve para recordar el camino recorrido y reforzar la visibilidad de la mujer en seguridad, pero el verdadero avance se consolida cuando la profesionalidad y el liderazgo femenino se viven con normalidad, sin necesidad de justificación.
Liderazgo basado en la valía
Existe un punto de encuentro claro: ocupar puestos de responsabilidad implica aportar valor añadido, preparación y resultados. El liderazgo no se sostiene en el género, sino en la competencia profesional, la coherencia en la toma de decisiones y el compromiso con el equipo.
Ambas visiones coinciden en que el respeto se construye con trabajo constante, criterio y seguridad profesional.
Igualdad real: avances con retos pendientes
El sector ha evolucionado y la presencia femenina es cada vez mayor, especialmente en nuevas incorporaciones y etapas formativas. Sin embargo, también se reconoce que el proceso no está completamente cerrado.
El principal reto compartido es la conciliación familiar, que continúa siendo uno de los factores que condiciona el acceso a puestos de mayor responsabilidad. Impulsar medidas que faciliten este equilibrio es clave para seguir avanzando.
Un relevo generacional que marca tendencia
Aunque la seguridad privada sigue siendo, en términos generales, un sector masculinizado, comienzan a observarse señales de cambio. Uno de los indicadores más significativos se da en las etapas de acceso: en los periodos de prácticas, la participación femenina está siendo cada vez más elevada, incluso superior a la masculina en determinados entornos.
Este dato no implica que la transformación esté completada, pero sí anticipa una evolución progresiva. Las nuevas generaciones llegan con una presencia femenina más destacada, lo que apunta a un futuro más equilibrado si el sector continúa apostando por la igualdad de oportunidades y el desarrollo profesional sin sesgos.
Lo que aporta la diversidad
Ambas coinciden en destacar el valor que aporta la presencia femenina en los equipos de seguridad. La capacidad de negociación, la empatía y la gestión de conflictos desde la desescalada verbal mejoran la respuesta operativa.
Además, la preparación técnica y física de las profesionales actuales responde plenamente a las exigencias del sector, reforzando la idea de que la competencia es cuestión de formación y compromiso, no de género.
Mirando al futuro
El mensaje compartido hacia las nuevas generaciones es claro: confianza, empoderamiento y ausencia de prejuicios. La seguridad privada evoluciona hacia modelos más tecnológicos y estratégicos, donde las competencias profesionales son cada vez más amplias y donde el talento debe valorarse sin etiquetas.
En definitiva, más allá de matices individuales, ambas trayectorias convergen en un mismo objetivo: consolidar un sector más diverso, donde la igualdad no sea una excepción ni una reivindicación puntual, sino una realidad integrada en la cultura profesional.
Para complementar este artículo y profundizar en una de las experiencias recogidas, hemos realizado un pequeño vídeo entrevistando a María José Lozano, donde comparte en primera persona su trayectoria, su visión sobre el liderazgo en seguridad y su reflexión en torno al 8 de marzo.